15 septiembre 2014

Malvivir conmigo

¿Por qué me atormentas? ¿Por qué? ¿Por qué te empeñas en aparecer cuando nadie te ha llamado? ¿Por qué si no tienes ningún motivo para visitarme? O los tienes todos, como siempre. Ni más ni menos. Porque nada cambia en realidad, porque los motivos para que te empeñes en llenar de oscuridad mi mente, mi alma, mi sueño y mis días son los que siempre ha habido.

Pensaba que teníamos asumido esto. Pensaba que por fin te habías dado cuenta que por mucho que te empeñes en abalanzarte sobre mi sosiego para devorarlo, siempre soy capaz de esquivar tus dentelladas y poner a salvo mi cordura de tu devastadora maldición. Pero no. No te queda claro... Sigues insistiendo en apoderarte de mis entrañas, en subir por mi estómago reptando cual culebra maldita y en salirme por los ojos a borbotones y sin permiso...

Sigues empeñada en condenarme a la sombra nefasta de tu amargura. Sigues resurgiendo una y otra vez de tus cenizas, por muchas medidas que tome para contenerte...

Otra vez estás aquí. Otra vez instalada en esa fina línea que separa mi razón de mi locura. Agarrándote como una sanguijuela despiadada al más mínimo resquicio de sangre que brote de cualquiera de mis miles de heridas sin cicatrizar. Absorbiendo mi paz, desalentando mis ilusiones, invadiendo de desesperanza hasta el último rincón de mi corazón.

Y, ¿sabes qué? Estoy muy cansada. No sé cuánto tiempo más podré mantenerme en equilibrio, haciendo malabarismos para seguir deshaciéndome de ti a cada paso... Con el eterno retumbar de esa voz, cada vez más débil, que sigue repitiendo cansada y sola un "algún día" que nunca llega.

No sé si podré combatirte para siempre. No sé si seré capaz de echarte una vez más de mí. Quizás soy yo la que debería asumir que tu presencia ha estado siempre y siempre estará, que no habrá nada ni nadie que logre limpiar y sellar del todo los oscuros huecos de mi alma en los que te empeñas en esconderte; que no hay modo de acabar con la ponzoña de la que te alimentas, pues forman parte de mi ser desde el mismo día en que tomé consciencia de la vida.

Puede que simplemente tenga que aprender a vivir contigo...

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