Necesito relajarme. Tolete está empezando a alterar mis nervios poderosamente. Hoy me ha estado vigilando por el rabillo del ojo. La vi cómo se descolgaba aferrada a un hilo de su tela de araña y se colocaba detrás de mi nuca para observarme fijamente.

Quiere mantenerme a raya, lo sé. Busca mantenerme lo suficientmente atemorizada para que no me atreva a ir en su contra, pero al mismo tiempo me necesita, necesita que no decida matarla o expulsarla de mi casa, peus sin mí no podría subsistir.

Es bueno saberlo, es bueno saber que me necesita porque eso me da cierto margen de autoridad. Pero, de momento es ella quien manda y no he podido evitar demostrárselo. Cuando la vi observándome detrás de mi nuca debí darle un manotazo de advertnecia, enseñarle que soy yo quien lleva las riendas. Pero no lo hice y eso la hace sentir más fuerte.

No lo puedo evitar. Su respiración me paraliza de los pies a la cabeza... Cuando estuve segura de estar a salvo tuve que salir de casa. Andé por la arena, nadé un poco, me tumbé al abrigo del sol. Pero, aún no consigo quitarme la tensión del estómago.

He decidido irme unos días. Tengo que resolver unos asuntos en el mundo de los hombres y voy a aprovechar el fin de semana para hacerlo. Así desconecto de Tolete unos días y le hago sufir mi ausencia.

No es que me agrade hacerlo, primero porque el mundo de los hombres logra alterarme más aún que Tolete y, segundo, porque temo la reacción del bicho cuando regrese a casa el próximo miércoles. Sé que le enfurecerá pasar cinco días totalmente sola y que va a buscar el modo de hacérmelo pagar cuando regrese. Pero bueno, quizás haga falta tensar un poco la cuerda a ver si logro arrebatarle el bastón de mando.