12 mayo 2008

Vida maestra

Ayer hizo un año de la mutación. Un año desde que decidí levantar un huracán que arrasase con esta playa para desde los cimientos volver a construir un nuevo mundo en el que poder soñar más y soñar mejor. Y lo conseguí.

Hoy puedo decir que nada fue en vano, que aunque mañana lleguen lluvias y tormentas, aunque algún día todo pueda volverse a llenar de fango, mereció la pena dejarme llevar por los instintos y sacar del alma un grito sordo que hiciera callar a los miedos.

Hoy, un año después, el sol de esta playa brilla y sonríe con más fuerza que nunca. Los cantos están llenos de vida, la arena es más suave y ondulada de lo que nunca soñé, el mar más cristalino y la brisa es tan cálida como salada.

Y bien es cierto que siempre se añora. Bien es cierto que los cambios a veces implican sacrificios que no nos hubiera gustado hacer. Bien es cierto que en el camino hasta este manso resonar de mi pequeña cala solitaria hubo sonrisas que enmudecieron y que se extrañan como nunca.

No hubo jamás conjuro perfecto, aunque mi naturaleza me invite siempre a luchar por alcanzarlo. Pero cada camino recorrido deja siempre en nosotros una lección en cada paso. Porque la vida es en sí una gran lección, una gran maestra que camina sola y que nos guía, si la dejamos, por la senda del auto-conocimiento.

La mía, mi lección de este año, viene llena de felicidades, la lección de mirarme en el espejo de esta agua bella y limpia y, de repente, encontrar mi cara. Y entender que no hay otro camino que el que marca el tiempo en su caprichoso viene y va. Y por fin, por una vez, empezar a vislumbrar mi rostro, sonreír y ver al fin la sonrisa de una bruja… la bruja del mar que siempre quise ser. Y aceptar que hice bien en seguirle los pasos a esta vida.

1 comentario:

Alejandro Zabaleta dijo...

Amiga del Cristo, como veo que tienes pujos de escritora y los deslizas en ese batiburrillo de blogs que lideras, te adjunto una recomendación que descubrí el otro día. Viene rubricada por alguien que no conoció ni de lejos la blogteratura, pero al que yo he admirado mucho a lo largo de los años, Ramón Gómez de la Serna. Perdona el tono algo macabro de la imagen, si no te gusta, pero creo que es una confesión sincera de alguien que fue, por encima de todo, literato.

"El escritor, un mártir que ofrece a los demás la embriaguez de sus invenciones, pero que cuando busca la copa para beber él también, no la encuentra, porque la copa que ofreció a los demás era su propio cráneo".

Bss