25 mayo 2008

Aquello que te escondo

Qué fácil es dibujar sobre las nubes. Qué fácil es mostrarle a la luna dientes de perla y andares de hojalata. Qué fácil resulta escribir cuentos de bruja sobre las olas y que el mundo entero los lea convencido de que son historia viva. Y, sin embargo, qué difícil resulta ponerle un espejo a nuestra alma.

Hace tanto tiempo que camino con estos zapatos de cartón que se me ha olvidado el tacto que tiene la piel de mis pies debajo de ellos. Y aún así me sorprendo cuando tus ojos pasan sobre mí acostumbrados a ver lo que yo quise mostrarles. Aún así me sorprendo cuando describes con tanta exactitud ese personaje que sólo yo conozco porque fui quién lo inventó.

Porque es mucho más fácil conocer al personaje que a su autor. Porque el autor es un fantasma que se oculta tras los sueños que convierte en reales para asombrar al mundo. Un fantasma que se esconde bajo la cama y permanece mudo mientras haya unos ojos cerca que puedan descubrir su rostro. Una sombra temerosa de que la luz del día pueda convertirla en cenizas.

Porque es más fácil ser Mata-Hari que Santa Teresa de Calcuta. Porque prefiero tu temor a tu desprecio, tu indiferencia a tu lástima. Porque prefiero ser la madrastra a Cenicienta y morir sola que abandonada. Porque los finales felices sólo existen en los cuentos y la vida de cuento sólo tiene el que yo dibujo en mi rostro cada mañana.

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