01 diciembre 2007

Paz

La paz. Esa que da la autosuficiencia. La que se consigue cuando el corazón alcanza la plenitud de sentirse feliz consigo mismo. La que otorga la libertad de poder ver el mundo con la claridad de unos ojos cristalinos que han logrado limpiar su alma a base de lucha y de esfuerzo. A base de vivir sufriendo.

Sí. La logré. Quizás no dure más que este instante. Pero, ya sé lo que es sentirla.

Sí. La paz es esto. Es estirar los brazos en mitad de la soledad de una noche de lluvia y sonreír. Es mirar a tu alrededor y ver tan sólo vacío, escuchar tan sólo el silencio y sentir que no es necesario nada más. Es no sufrir por las ausencias, sino, por el contrario, disfrutar de mi propia presencia.

La paz es descubrir cuánto necesitaba estar conmigo misma y de pronto tenerme. La paz es este minuto de regocijo, este momento en el que descubro que hoy he sido capaz de quedarme en la oscuridad y no ha ocurrido nada.

O sí. Sí ha ocurrido. Ha ocurrido que mi alma se expandido por ella, por esta oscuridad vacía de la noche, y me he sentido plena y he brillado con luz propia, llenando hasta el último recoveco oscuro de esta noche en calma. Hoy ha ocurrido, la paz de no necesitar, de no requerir más que mi propia sonrisa. La paz de, al fin, tras tantos pasos andados, sentir que estoy en paz.

2 comentarios:

El príncipe de las palabras dijo...

Te felicito, brujita, por haber saboreado esa paz de la que hablas, ya sea por un instante (confío en que no), ya por una larguísima temporada.

La verdad es que leyéndote también uno consigue rozar con la punta de los dedos ese cielo donde rezuma la paz. Eres un bálsamo para cualquier alma que tenga un mínimo de sensibilidad.

Confieso, no obstante, que cuando yo miro en rededor y encuentro vacío, más que paz, lo que me asalta es un miedo horrible. Y del mismo modo, cuando a mis oídos sólo llegan los sonidos del silencio, la paz no los acompaña, sino más bien una angustia atroz… Supongo que es culpa de este príncipe, que no tiene bien entrenados los ojos ni los oídos, de tal modo que no consigue disfrutar de su propia presencia y necesita siempre la de alguien más a su lado.

En todo caso, lo que sí tengo muy claro es que por muy oscura que resulte la noche, cualquier noche que en un momento dado pueda envolverte, la poderosa luz que tú desprendes ha de llenarla al instante de un fúlgido brillo.

Un besote, brujoncia

Johnny Salomon dijo...

Me alegro muchísimo. Ojala te dure toda la eternidad. La paz sea contigo. Jejeje. Un obesito.