26 enero 2007

Rebelión en la playa

Dios mío, ¡cómo está el patio! La playa anda revolucionada. Tolete ha vuelto, eso para empezar. Sí, lo sé, no os lo había contado, pero aquí está. Llegó de repente una mañana, con la cabeza gacha y ojos de cordero degollado y ¿qué le iba a hacer? Le dejé pasar... Me daba pena...

Pero claro, el resto de criaturas de mi pequeña playa no se lo han tomado muy bien. La ballena y el grillo son los únicos que mantienen la calma y tienen un poco de paciencia, aunque la tienen tomada conmigo porque me creen culpable de su huída. Por su parte, el delfín y las pardelas, andan brincando y chillando desesperados, con un humor de perros y muy malas pulgas. Y la sirena... ¡dios, qué cruz con la sirena! Anda de unos malos modos...

Y yo digo, ¿de qué se queja? Si alguien tiene poder para sacar a Tolete de nuestras vidas, esa es ella... Neptuno decide quien vive y quien muere en el mar y junto a él... Y, ¿quién si no ella tiene línea directa con Neptuno? Pues no sé que pasará en las profundidades del mar, pero no la veo contenta, no.

Y yo... Yo trato de sobrevivir como puedo, sumergiéndome en la preparación de mis conjuros, leyendo y contestando mensajes en botellas, soñando sobre las estrellas... Ya sabeis, mis quehaceres...
A ver si el cambio de luna trae algo de paz a esta bahía...

17 enero 2007

Perdida

Cómo duele el alma cuando grita en silencio dentro del pecho... ¿Cúantas veces más tendré que deshacer el camino andado? ¿Cuántas direcciones equivocadas más tomaré en este infinito cruce de vías?

De nuevo tendré que hacer las maletas con sueños rotos, tendré que facturar las emociones en busca de un nuevo destino. De nuevo me encuentro en la casilla de salida, con el alma a oscuras, el corazón muerto y el instinto herido y sin fuerzas para colaborar.

¿En qué cima fijaré ahora mi meta? ¿Hacia qué horizonte debo cabalgar?

Hoy, de nuevo, las lágrimas me queman los párpados por dentro, hirviendo de ganas de zafarse del hermetismo de hielo logrado tras años de fría resignación. Mi corazón se aburre en un bostezo, sin fuerzas suficientes para otra vez partirse en dos.

¿Cuántas veces más tendré que mudar las pasiones? ¿Cuántas veces se puede reescribir la propia historia sin que se desgasten los papeles del destino a borrones?

Hoy, de nuevo, miro el tiempo en la distancia. Observo la humareda de mil hogueras que creí eternas, apagadas con la lluvia del destino o de la suerte. ¿Cuántos incendios puede soportar un solo bosque antes de perder el verde de su esperanza?

Hoy, todos los sueños rotos, los besos olvidados, los abrazos al viento, los "te quiero" malheridos, me miran con ojos de amargura, preguntándome cuántas caricias más quedarán huérfanas y abandonadas en el asilo de los recuerdos amargos.

Giro sobre mí misma. Una vez y otra, y otra más. Miro el paisaje y sólo hay humo, sólo hay niebla húmeda, sólo hay frío y desganas.

Tan sólo una hoguera permanece encendida. La única que supe siempre realmente eterna, la única realmente inalcanzable, la única incapaz de dar calor alguno ya.

Sí, esa hoguera azul llena de brillo, que permanece inmovil en la oscuridad insondable, como una estrella en el firmamento: igual de bella, igual de inalcanzable.

Un día juré abrazarla sólo a ella. Para mi desdicha, lo cumplí. Un día pedí a todos los elementos que el tiempo se parara para siempre en su cintura, y me lo concedieron.

Hoy, viajo encadenada aún a su cuerpo, siguiendo la senda de su fugaz y estelar locura, sabiendo que mi barco de vela hecha jirones viajará etermanemente por estas aguas de inmensa soledad, incapaz de alcanzar algún día puerto alguno.

Porque no existen carteles en los caminos del océano, porque no hay ruta fijada en el devenir de los días, porque no hay más rumbo que el que dictan las olas, meciéndome caprichosas de la nada al más allá.

12 enero 2007

Entre calmas y tormentas

El año nuevo ha entrado turbulento. Con frío, con lluvias, con tormentas... Mi pequeña cala ha aparecido a mi regreso repleta de mensajes en botellas fruto de los naufragios de la temporada. Y, por la escasez de la huellas en la arena, me temo que no ha habido nadie aquí para atender las llamadas de auxilio.

Mis criaturas se han sentido solas y asustadas estos días y el olor a arena mojada aún hiela mis entrañas. La sirena está triste, aunque ríe. Ya sabemos de su ciclotimia... El grillo ha estado farruco y algunas noches se ha dedicado a chillar para no dejar dormir a nadie. Y, hasta Tolete ha envidado una botella amenazando con regresar a la caza de cualquier insecto que se atreva a invadir su territorio.

Hoy, sin embargo, parece que las tormentas han parado por un momento. Algunos de mis conjuros a la luna parecen haber funcionado y las pardelas y los delfines han vuelto a reír a mi alrededor. Pero, ¿por cuánto tiempo reinará la calma? ¿seguirán mis hechizos funcionando con la Reina de las Sirenas? ¿y con el grillo? ¿y con Tolete?...

¿Y si el viento logra desatar las cadenas de Zz? ¿Qué será entonces del mundo? Sé que os da pena, exploradores, pero un grito suyo y esta playa podría vivir un tsunami absolutamente destructor...

02 enero 2007

El grito de Zz

Mi nombre es Zz. Sí, como el viento cuando se cuela por las rendijas de la ventana. "Zz", le escucho que me llama. Le llevo escuchando años llamarme a escondidas durante la noche. Me pide que salte, que vuele con él entre las nubes y me llene de su aroma de plenitud.

Me cuenta historias de mundos extraños, de mares inmensos, de ríos de vida desbordándose en grandes valles y saltando enormes cascadas de vértigo. Me cuenta que las ballenas cantan en las noches de luna y que la nieve brilla con el sol de la mañana en la cumbre de las montañas.

Pero yo no puedo verlo.

Por mucho que lucho no logro salir de aquí, de esta cárcel con cadenas en la que me hallo. Salto, chillo, lloro y pataleo, pero sus muros parecen hechos de acero la mayoría del tiempo.

Otras veces, sin embargo, se vuelven de látex, y puedo estirar los brazos y casi tocar la vida, veo la luz del sol y escucho la música del mundo que no alcanzo.

Pero, enseguida siento como se revuelve mi carcelera atemorizada por la idea de dejarme escapar. Y de nuevo las paredes de mi encierro me oprimen y me sumergen en la más cruel oscuridad.

Han pasado ya tantos años desde la última vez que respiré el aroma del mundo... Ella no me deja. No porque no quiera, sino porque es su obligación oprimirme y olvidarme en el fondo de este zulo.

Está obligada a mantenerme oculta porque así se lo exigen los que la aman y no hay mayor autoridad que la que ejerce el temor a no ser amados, el temor a sentirnos solos, abandonados, diferentes...

Ella odia la soledad, tiene pavor al qué dirán, a ser señalada y marginada. Por eso me encierra y encadena de este modo, porque mostrarme al mundo sería su fin, porque si me dejara libre se rompería en mil pedazos el castillo de cristal que ha construido a su alrededor para poder mirar la sonrisa de los suyos sentada en su trono de hojalata.

Pero ella me quiere. A pesar de sus miedos y de toda su dureza, me quiere. Y le duele ver cómo me apago en su interior como una vela sin oxígeno.

Por eso, a veces, me abre las ventanas y deja que el viento cante mi nombre en la penumbra. Porque ella tampoco quiere que muera de hambre y pena en este oscuro agujero de su corazón.

Si supiera cuánta pena siento yo también por ella. Si supiera cómo me duele el frío de las paredes de su castillo, el sueño de sus horas de rutina, la tristeza de su tocadiscos vacío.

Pero, ya no puedo más. Me falta el aire. Me asfixio. Me muero. Necesito salir como sea de este encierro, necesito gritar, llorar, reír, vivir... Necesito volar sobre el viento y ver las montañas nevadas y escuchar a las ballenas y bañarme con las estrellas...

¿Cuánto tiempo más aguantaré la tortura de este silencio opresor?

Si alguien me escucha, que grite mi nombre: ZzZz... y el viento le traerá hasta mí. Quizás tú logres sacarme de aquí...