El aire huele a tierra. Pero, no a la fina arena de basalto que recubre mi cala. No, huele a tierra seca, a tierra de montaña levantada al aire con ira, como si mil caballos la hubiesen arrastrado en el vuelo de su galopar.

Sí, huele a tierra y huele a guerra. Huelo la violencia en el viento, como si una gran tragedia se aproximara. Lo veo en los ojos de las gaviotas. Están inquietas, desesperadas, huidizas. La reina de las sirena sigue cantando himnos que invitan al suicidio y la tortuga, ella que siempre ha sido alegre y serena, lleva varios días escondida en su caparazón, tan seria y compungida como un niño asustado.

¿Qué llegará mañana? ¿Vendrá la guerra que escucho anunciar a las ballenas? ¿Veremos ya los ojos del delirio sobre las rocas?

¿Quién sabe? Quizás sólo sea que Tolete vuelve a casa por Navidad o quizás... Quizás sea peor, quizás sean ellos que vienen a destruir nuestro mundo... Quizás... Sí, es posible... Sólo ellos hacen que el aire huela a tierra y a guerra... Quizás... ¡Oh, Neptuno, líbranos!... Quizás vengan los hombres...