Dime, preciosa escultura, que ni Miguel Ángel podría tallar, ¿es cierto que el rumor que escucho, acercando mi oído a tu marmórea piel, es un corazón oprimido por el frío de años esperando amar?

Dime escultural hermosura, ¿qué te hizo fijar en mí tu mirada de hielo? ¿Con qué cincel se tallaron tus ojos de púrpura en metal bruñido? ¿Por qué me gritan que te duelen tan sólo con mirar?

Pero, sobre todo, dime, pétrico talle que logró hechizarme, ¿qué hay en tu pasado, qué triste lamento, qué oscura tortura, qué cruel desamor, que fue capaz de dejar en tu piel de seda esos surcos grises que sangran de dolor?

Y, dime, sí, dímelo de nuevo, mi bella figura de fascinación, dime todo aquello con lo que lograste que volara, dime que me amas por duro que sea tu corazón.