He caminado sobre las tumbas del tiempo muerto. He despejado las brumas de viejas batallas. He cabalgado a galope sobre unicornios, centauros y faunos. He convertido la sangre en hiel, la hiel en néctar, el néctar en agua bendita. He roto el mutismo de noches de luna con cánticos de esperanza y desesperanza. He estado dispuesta a todo y dispuesta a no querer nada...Y nunca encontré la fórmula. Nunca encontré el hechizo de la perfecta armonía. Nunca he logrado atrapar la música aterciopelada que compuso Eros. Sólo unas notas. Unas ligeras notas han llegado a mis oídos. A veces más intensas, otras en leves susurros. Pero nunca me fueron regaladas para deleite del alma en su plenitud.
Y ahora, ahora que la luna ha enmudecido, que las ánimas callaron, que el tiempo decidió pasar pausado y no colmar con anhelos las madrugadas; ahora me he olvidado de cómo se distingue la música del viento. Ahora ya no sé si suenan cascabeles o martillos, ni si son arpas lo que escucho o simples andares de luciérnagas sonámbulas.
Ahora, amigos, se me ha atrancado el corazón en la ventana.




