Entre dos enormes peñascos de lava negra y sobre un lecho de fina arena volcánica, se alzaba firmemente la casita del mar. Sus paredes estaban hechas de fuertes rocas oscuras, en las que se abrían tres pequeños ventanucos y una puerta de madera. El techo, también de piedra, estaba recubierto por millones de conchas de lapas, mejillones y burgados, entre los que, a duras penas, se abría paso una pequeña y humeante chimenea. De noche, sólo el brillo en los cristales de una hoguera parpadeante hacía imaginar la vida en aquella cala solitaria. De día, el sol se reflejaba sobre las conchas del tejado, haciéndolo brillar tan deslumbrantemente que desde lejos parecía estar hecho de oro. En su interior, a la luz de una vela, se refleja en las paredes una silueta borrosa encorvada sobre una mesa de madera de pino. Un cabello largo y ondulado baila en el aire al son de la brisa marina, mientras una lágrima sacrílega hace un borrón de tinta sobre el papel envejecido que descubre sus sueños.

08 septiembre 2008

Amor temporal

Sólo un ratito. Sólo este ratito. Me quedo al menos con este ratito de respirar tu aliento. ¿Qué más le da al sediento hacia qué mar fluye el río si puede darle al menos unas gotas de beber? Sí, es sólo temporal. Amor con fecha de caducidad. Amor a corto plazo. Amor de temporada. Amor, al fin y al cabo. Suficiente de momento para que el corazón no se muera de sed. Suficiente para que el pecho se llene de calor, para que el hielo empiece a derretirse y lata de nuevo el corazón. Suficiente, de momento. Me quedo con tu amor.

1 huellas en la arena:

anónimo dijo...

Esta sociedad nos da facilidades para hacer el amor, pero no para enamorarnos.