Entre dos enormes peñascos de lava negra y sobre un lecho de fina arena volcánica, se alzaba firmemente la casita del mar. Sus paredes estaban hechas de fuertes rocas oscuras, en las que se abrían tres pequeños ventanucos y una puerta de madera. El techo, también de piedra, estaba recubierto por millones de conchas de lapas, mejillones y burgados, entre los que, a duras penas, se abría paso una pequeña y humeante chimenea. De noche, sólo el brillo en los cristales de una hoguera parpadeante hacía imaginar la vida en aquella cala solitaria. De día, el sol se reflejaba sobre las conchas del tejado, haciéndolo brillar tan deslumbrantemente que desde lejos parecía estar hecho de oro. En su interior, a la luz de una vela, se refleja en las paredes una silueta borrosa encorvada sobre una mesa de madera de pino. Un cabello largo y ondulado baila en el aire al son de la brisa marina, mientras una lágrima sacrílega hace un borrón de tinta sobre el papel envejecido que descubre sus sueños.

13 agosto 2008

Se me olvidó olvidarte

Se me olvidó otra vez que debía olvidarte. Hoy se me olvidó que había decidido olvidarme de este día. Y aquí estoy de nuevo, dibujando tu silueta sobre las arenas del tiempo y tratando de olvidar que no puedo olvidarte.

¿Pasa el tiempo ahí en tu ausencia? ¿Corren los días como en este lado? ¿Existen en tu esfera los recuerdos? ¿Existe quizás el olvido?

Lo lograré. Sé que lo haré pues si no fuera posible no tendría sentido que el destino me obligara a intentarlo. Pero es tan difícil mantener la cordura mientras camino sobre esta fina línea que mantiene en equilibrio el olvido imposible y la vida necesaria.

No, no te olvido. No podré hacerlo nunca. Y con tu recuerdo viajará siempre este amor obsesivo que inyectaste en mis entrañas. Pero vivo. Y vivir significa seguir andando aunque me persiga siempre tu sombra. Y vivir significa tragar nudos de agonía hasta que tu recuerdo se convierta, como aquellos de la infancia, en tan sólo un suspiro de melancolía exhalado al aire en este día.

Ya son cuatro. Quizás lleguen a ser cuarenta los días como hoy que me atormenten en la vida. Quizás sean cuarenta los obituarios como éste que lance al viento para tratar de olvidar que no te olvido. Quizás, sin embargo, sean éstas las últimas lágrimas que te escriba. Quizás el último llanto contenido.

1 huellas en la arena:

Anónimo dijo...

Me alegra que no me olvides. Joer. Yo a ti tampoco. Jejeje. Son muchos los días que me acuerdo de ti y nunca me decido ni a llamarte ni a escribirte. Hoy me he lanzado. Y decirte que el desamor planea con su negra sombra sobre mi parcela vital. Joer, que bonito me ha quedado eso! En fin, bruja, que, como siempre te deseo lo mejor. Un besazo. Johnny Salomon.