Entre dos enormes peñascos de lava negra y sobre un lecho de fina arena volcánica, se alzaba firmemente la casita del mar. Sus paredes estaban hechas de fuertes rocas oscuras, en las que se abrían tres pequeños ventanucos y una puerta de madera. El techo, también de piedra, estaba recubierto por millones de conchas de lapas, mejillones y burgados, entre los que, a duras penas, se abría paso una pequeña y humeante chimenea. De noche, sólo el brillo en los cristales de una hoguera parpadeante hacía imaginar la vida en aquella cala solitaria. De día, el sol se reflejaba sobre las conchas del tejado, haciéndolo brillar tan deslumbrantemente que desde lejos parecía estar hecho de oro. En su interior, a la luz de una vela, se refleja en las paredes una silueta borrosa encorvada sobre una mesa de madera de pino. Un cabello largo y ondulado baila en el aire al son de la brisa marina, mientras una lágrima sacrílega hace un borrón de tinta sobre el papel envejecido que descubre sus sueños.

25 mayo 2008

Aquello que te escondo

Qué fácil es dibujar sobre las nubes. Qué fácil es mostrarle a la luna dientes de perla y andares de hojalata. Qué fácil resulta escribir cuentos de bruja sobre las olas y que el mundo entero los lea convencido de que son historia viva. Y, sin embargo, qué difícil resulta ponerle un espejo a nuestra alma.

Hace tanto tiempo que camino con estos zapatos de cartón que se me ha olvidado el tacto que tiene la piel de mis pies debajo de ellos. Y aún así me sorprendo cuando tus ojos pasan sobre mí acostumbrados a ver lo que yo quise mostrarles. Aún así me sorprendo cuando describes con tanta exactitud ese personaje que sólo yo conozco porque fui quién lo inventó.

Porque es mucho más fácil conocer al personaje que a su autor. Porque el autor es un fantasma que se oculta tras los sueños que convierte reales para asombrar al mundo. Un fantasma que se esconde bajo la cama y permanece mudo mientras hayan unos ojos cerca que puedan descubrir su rostro. Una sombra temerosa de que la luz del día pueda convertirla en cenizas.

Porque es más fácil ser Mata-Hari que Santa Teresa de Calcuta. Porque prefiero tu temor a tu desprecio, tu indiferencia a tu lástima. Porque prefiero ser la madrastra a Cenicienta y morir sola que abandonada. Porque los finales felices sólo existen en los cuentos y la vida de cuento sólo tiene el que yo dibujo en mi rostro cada mañana.

0 huellas en la arena: