Entre dos enormes peñascos de lava negra y sobre un lecho de fina arena volcánica, se alzaba firmemente la casita del mar. Sus paredes estaban hechas de fuertes rocas oscuras, en las que se abrían tres pequeños ventanucos y una puerta de madera. El techo, también de piedra, estaba recubierto por millones de conchas de lapas, mejillones y burgados, entre los que, a duras penas, se abría paso una pequeña y humeante chimenea. De noche, sólo el brillo en los cristales de una hoguera parpadeante hacía imaginar la vida en aquella cala solitaria. De día, el sol se reflejaba sobre las conchas del tejado, haciéndolo brillar tan deslumbrantemente que desde lejos parecía estar hecho de oro. En su interior, a la luz de una vela, se refleja en las paredes una silueta borrosa encorvada sobre una mesa de madera de pino. Un cabello largo y ondulado baila en el aire al son de la brisa marina, mientras una lágrima sacrílega hace un borrón de tinta sobre el papel envejecido que descubre sus sueños.

25 diciembre 2007

Solsticio de invierno

Buenas noches exploradores... Este año todo ha ido con tantas prisas que no he podido siquiera adelantarme a la noche para felicitaros el Solsticio de Invierno.

Sólo deciros que, como cada año, el aquelarre con mis viejas amigas las brujas del mundo ha ido sobre ruedas y que alrededor de la hoguera mágica me he acordado de cada uno de vosotros para conjurar a los elementos y lograr que la luz de vuestra sonrisa siga iluminando el camino de todos los que os quieren...

Feliz Navidad, amigos!!

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