Entre dos enormes peñascos de lava negra y sobre un lecho de fina arena volcánica, se alzaba firmemente la casita del mar. Sus paredes estaban hechas de fuertes rocas oscuras, en las que se abrían tres pequeños ventanucos y una puerta de madera. El techo, también de piedra, estaba recubierto por millones de conchas de lapas, mejillones y burgados, entre los que, a duras penas, se abría paso una pequeña y humeante chimenea. De noche, sólo el brillo en los cristales de una hoguera parpadeante hacía imaginar la vida en aquella cala solitaria. De día, el sol se reflejaba sobre las conchas del tejado, haciéndolo brillar tan deslumbrantemente que desde lejos parecía estar hecho de oro. En su interior, a la luz de una vela, se refleja en las paredes una silueta borrosa encorvada sobre una mesa de madera de pino. Un cabello largo y ondulado baila en el aire al son de la brisa marina, mientras una lágrima sacrílega hace un borrón de tinta sobre el papel envejecido que descubre sus sueños.

16 febrero 2009

Soy

Una mesa desordenada, montones de ropa por colocar, una grabadora digital, una agenda, bolígrafos, papeles y más papeles... Eso soy... Soy una cajetilla de tabaco empezada, un cenicero con colillas, un bostezo, la ojera negra llorando su cansancio.

Soy prisas y pausas incontroladas, soy un montón de libros por leer y un centenar por escribir... Soy una carta empezada que nunca acabé, una llamada de reclamación que hace tic tac sobre la mesilla... Soy un teléfono sin batería, una lista de cosas por hacer que nunca escribo.

Soy un domingo laborable, una sonrisa que lucha por salir. Soy tus ojos cruzando la puerta y el ansia de ser lo que esperan ver.

Soy... un ayer sin construir.

18 noviembre 2008

¿Eres alma o sólo calma?

He caminado sobre las tumbas del tiempo muerto. He despejado las brumas de viejas batallas. He cabalgado a galope sobre unicornios, centauros y faunos. He convertido la sangre en hiel, la hiel en néctar, el néctar en agua bendita. He roto el mutismo de noches de luna con cánticos de esperanza y desesperanza. He estado dispuesta a todo y dispuesta a no querer nada...

Y nunca encontré la fórmula. Nunca encontré el hechizo de la perfecta armonía. Nunca he logrado atrapar la música aterciopelada que compuso Eros. Sólo unas notas. Unas ligeras notas han llegado a mis oídos. A veces más intensas, otras en leves susurros. Pero nunca me fueron regaladas para deleite del alma en su plenitud.

Y ahora, ahora que la luna ha enmudecido, que las ánimas callaron, que el tiempo decidió pasar pausado y no colmar con anhelos las madrugadas; ahora me he olvidado de cómo se distingue la música del viento. Ahora ya no sé si suenan cascabeles o martillos, ni si son arpas lo que escucho o simples andares de luciérnagas sonámbulas.

Ahora, amigos, se me ha atrancado el corazón en la ventana.

08 septiembre 2008

Amor temporal

Sólo un ratito. Sólo este ratito. Me quedo al menos con este ratito de respirar tu aliento. ¿Qué más le da al sediento hacia qué mar fluye el río si puede darle al menos unas gotas de beber? Sí, es sólo temporal. Amor con fecha de caducidad. Amor a corto plazo. Amor de temporada. Amor, al fin y al cabo. Suficiente de momento para que el corazón no se muera de sed. Suficiente para que el pecho se llene de calor, para que el hielo empiece a derretirse y lata de nuevo el corazón. Suficiente, de momento. Me quedo con tu amor.

13 agosto 2008

Se me olvidó olvidarte

Se me olvidó otra vez que debía olvidarte. Hoy se me olvidó que había decidido olvidarme de este día. Y aquí estoy de nuevo, dibujando tu silueta sobre las arenas del tiempo y tratando de olvidar que no puedo olvidarte.

¿Pasa el tiempo ahí en tu ausencia? ¿Corren los días como en este lado? ¿Existen en tu esfera los recuerdos? ¿Existe quizás el olvido?

Lo lograré. Sé que lo haré pues si no fuera posible no tendría sentido que el destino me obligara a intentarlo. Pero es tan difícil mantener la cordura mientras camino sobre esta fina línea que mantiene en equilibrio el olvido imposible y la vida necesaria.

No, no te olvido. No podré hacerlo nunca. Y con tu recuerdo viajará siempre este amor obsesivo que inyectaste en mis entrañas. Pero vivo. Y vivir significa seguir andando aunque me persiga siempre tu sombra. Y vivir significa tragar nudos de agonía hasta que tu recuerdo se convierta, como aquellos de la infancia, en tan sólo un suspiro de melancolía exhalado al aire en este día.

Ya son cuatro. Quizás lleguen a ser cuarenta los días como hoy que me atormenten en la vida. Quizás sean cuarenta los obituarios como éste que lance al viento para tratar de olvidar que no te olvido. Quizás, sin embargo, sean éstas las últimas lágrimas que te escriba. Quizás el último llanto contenido.